¿POR QUE MEDITAMOS?
¿Por qué meditamos? Gracias a la meditación dejan de afectarte como antes las situaciones que hay a tu alrededor. Te vuelves menos susceptible y la vulnerabilidad de la mente disminuye, porque ya no está tan inquieta. El propósito último de la meditación es la transformación progresiva de nuestro interior con vistas a la Iluminación.
A veces estamos preocupados porque queremos hallar soluciones para este problema o para el otro... Lo que realmente debemos buscar es la Iluminación. La meditación es una técnica sencilla, pero os aseguro que puede cambiar la vida. Esta técnica, bien aplicada, posee un gran potencial de transformación.
Calmando la mente, se encuentran mejores soluciones. Pero primero, hay que tranquilizar la mente; después podrás buscar las soluciones a cualquier tipo de problema que se presente. Medita hasta que por fin se pacifique la mente. Si tu mente está agitada, las cosas te afectarán en mayor grado mental y emocionalmente.
Medita -ese es mi consejo-, pues meditar constituye una fuente de confianza, gozo, esperanza, calma, paz... Si nos dedicamos en serio a estudiar el Dharma, haremos muchos descubrimientos espirituales y tendremos una serie de experiencias internas muy beneficiosas.
Al principio del proceso, estudiamos y analizamos las palabras, es normal, pero la meditación va más allá de las meras palabras. Meditar sobre todo es una experiencia. Mediante las sesiones de meditación, realizadas con perseverancia, finalmente, acabaremos hallando el significado de esos vocablos y frases atesoradas en el Dharma.
Como a veces no somos conscientes de lo que pensamos, sentimos o hacemos, surge el descontrol. Pero podemos revertir este descontrol mediante la aplicación de la atención plena. Los efectos beneficiosos y armonizantes derivados de la atención plena sin duda son más profundos de lo que podamos creer en un principio. Según esta técnica conocida también como "mindfulness", no hay que corregir nada, ni juzgar, no debemos reaccionar impulsivamente. Tampoco es necesario huir a ningún lugar, pues no hay nada malo aquí.
Pronto comprobarás que, después de un tiempo meditando, tu corazón late a un ritmo más lento. El número y velocidad de tus pensamientos disminuye. Empieza a reinar la paz. Inhalación, exhalación. Tomas aire, lo sueltas lentamente. Aprende a dirigir la atención hacia las fosas nasales. Mantén la conciencia despierta y pendiente de estos procesos. Cuando desaparece la inquietud, todo se ve distinto y en estado de calma.
Normalmente distinguimos tres tipos de meditación: 1) meditación en la respiración 2) meditación cognitiva y 3) meditación en el amor- compasión.
Tomar conciencia de estos procesos. Atención a las fosas nasales. Inhalación, exhalación, al ritmo natural. El aire entra en nuestros pulmones, el aire sale... Sin la menor resistencia, permite que surja la actividad habitual en el interior de tu mente. Las vivencias o experiencias por las que pasamos, si no son agradables, en ocasiones dejan huellas más o menos profundas. Intenta limpiar esas huellas o impresiones con paciencia, con dulzura.
Sin darnos cuenta la mente genera sensaciones de apego, disgustos, desavenencias, interferencias... ¿Por qué sucede esto? Intenta dar una respuesta a esta pregunta.
Cuando repites y eres constante en la práctica de la meditación, tu vida empieza a cambiar en diversos aspectos. Como si fuéramos exploradores de nosotros mismos, debemos indagar y mirar con curiosidad y cariño, a la par, lo que nos sucede internamente. Reconoce: esto me agita, esto me hace perder el control, esto me tranquiliza, esto me causa enfado, esto me da bienestar, etc. Trata de identificar todas estas cosas.
De vez en cuando, volvemos a prestar atención a la respiración. Inhalamos, exhalamos. Al tomar aire, entra lo bueno. Y al expulsar lentamente el aire, se va lo negativo, soltamos cargas.
Inhalar, exhalar...

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