¿POR QUE MEDITAMOS?
¿Por qué meditamos? Gracias a la meditación dejan de afectarte como antes las situaciones que hay a tu alrededor. Te vuelves menos susceptible y la vulnerabilidad de la mente disminuye, porque ya no está tan inquieta. El propósito último de la meditación es la transformación gradual de nuestro interior con vistas a la Iluminación.
En ocasiones nos vence la preocupación, porque queremos hallar soluciones para este o aquel problema... Según la perspectiva budista, ese no es el objetivo prioritario. Lo que realmente debemos buscar es la Iluminación, el despertar espiritual.
No olvidemos que Buda, una palabra que proviene del sánscrito, significa literalmente: "el que está despierto" o "el iluminado". Más que un nombre propio, se trata de una condición y un título otorgado a alguien que por fin ha despertado a la verdadera naturaleza de la realidad, alcanzando de este modo la sabiduría suprema y liberándose de los grilletes de "dukkha": el sufrimiento.
La meditación es una técnica sencilla, pero os aseguro que puede cambiar la vida. Esta técnica, bien aplicada, posee un gran potencial de transformación.
Calmando la mente, se encuentran mejores soluciones. Pero primero, hay que tranquilizar la mente, apaciguarla; después podrás buscar las respuestas adecuadas y oportunas para cualquier tipo de problema que se presente. Medita hasta que por fin se pacifique la mente. En caso de que tu mente está agitada, las cosas te afectarán en mayor grado tanto en el plano emocional como físicamente.
Medita -ese es mi consejo-, pues meditar constituye una fuente de confianza, sabiduría, esperanza, gozo, salud, paz... Si nos dedicamos en serio a estudiar el "Dharma" (la doctrina budista), haremos muchos descubrimientos espirituales y tendremos una serie de experiencias internas muy beneficiosas.
Al inicio del proceso, estudiamos y analizamos las palabras de nuestro maestro o las que encontramos en los "sutras" (textos que recogen los discursos y enseñanzas fundamentales de Buda Shakyamuni), eso es normal, pero la meditación va más allá de las meras palabras. Meditar sobre todo es una experiencia. Mediante las sesiones de meditación, realizadas con perseverancia, finalmente, acabaremos hallando el significado genuino de esos vocablos y frases atesoradas durante siglos en el "Dharma".
Como a veces no somos conscientes de lo que pensamos, sentimos o hacemos, surge el descontrol. Pero podemos revertir este desorden mediante la aplicación de la atención plena. Los efectos beneficiosos y armonizantes derivados de la atención plena cuando se practica con asiduidad son sin duda más profundos de lo que podamos creer en un principio.
De acuerdo con la técnica, conocida también como "mindfulness", durante la sesión de meditación no se precisa corregir nada, ni juzgar, olvida el afán por cambiar esto o aquello, no debemos reaccionar impulsivamente. Tampoco es necesario huir a ningún lugar, pues no hay nada malo aquí.
Pronto comprobarás que, después de un tiempo meditando, tu corazón late a un ritmo más lento. El número y velocidad de tus pensamientos disminuye. La mente se aclara. Empieza a reinar la paz espiritual. Inhalación, exhalación. Tomas aire, después lo sueltas lentamente.
Contaba un monje budista, ya anciano, que al comienzo de la meditación, la mente se asemeja a un manantial que brota en las montañas. El agua del manantial cae por la ladera de la montaña en forma de arroyo y va muy deprisa. Después, cuando llega a una planicie las aguas del arroyo, convertidas en río, avanzan más despacio. Ya cerca del mar el agua aminora aún más su velocidad y finalmente, a través de la desembocadura, termina integrándose en un inmenso mar en calma.
Esta imagen del agua ilustra a la perfección las distintas fases o estadios de la meditación. En la primera fase, cuando comienza la meditación, nuestros pensamientos y emociones van deprisa, espoleadas por preocupaciones, las dificultades que tuviste hoy en tu lugar de trabajo o porque te pones a pensar en unas cosas que debes hacer mañana, etc. En una segunda etapa meditativa, gracias a las técnicas de respiración y a la concentración, la mente está más tranquila, se aquieta. Y, al final, en la última etapa de la meditación, si hemos realizado bien la práctica, experimentamos una gran paz.
Aprende a dirigir la atención hacia las fosas nasales. También presta atención a las sensaciones que provoca en tu nariz el paso del aire. Mantén la conciencia despierta y pendiente de estos procesos. Cuando desaparece la inquietud, todo se ve distinto y en estado de calma.
Normalmente distinguimos tres tipos de meditación: 1) meditación en la respiración 2) meditación cognitiva y 3) meditación en el amor- compasión.
Tomar conciencia de estos procesos. Foco de atención dirigido hacia las fosas nasales. Inhalación, exhalación, al ritmo natural. El aire entra en nuestros pulmones, el aire sale... Sin la menor resistencia, permite que surja la actividad habitual en el interior de tu mente. Las vivencias o experiencias por las que pasamos, si no son agradables, en ocasiones dejan huellas más o menos profundas. Intenta limpiar esas huellas o impresiones con paciencia, con dulzura.
Sin apenas darnos cuenta la mente genera sensaciones de apego, disgustos, desavenencias, tensiones, decisiones erróneas, recelo injustificado, excesiva ambición, ira, ofuscación, interferencias... ¿Por qué sucede esto? Intenta dar una respuesta a esta pregunta.
Cuando repites y eres constante en la práctica de la meditación, tu vida empieza a mejorar en diversos aspectos. Como si fueras un explorador de ti mismo, debes indagar y mirar con curiosidad y cariño, a la par, lo que te sucede internamente. Se trata de una labor de introspección.
El meditador observa con paciencia su espíritu y reconoce sus estados mentales así como las circunstancias que los rodean: ahora estoy agitado, esta situación me hace perder el control, hacer esto me tranquiliza, tengo miedo a tal cosa, no era para tanto: creo que aquella vez me enfade en exceso, me siento cómodo cuando hablo con ese amigo, esta tarea me proporciona bienestar, tengo envidia de tal persona, etc.
Trata de identificar los pensamientos que cruzan por tu mente, uno por uno, las emociones que estás sintiendo justo en este momento, ponle nombre a esas emociones, tal vez seas capaz de investigar sobre la causa de cierta idea o de ese sentimiento concreto e incluso podrías llegar a descubrir factores que están influyendo o condicionando tu manera de pensar, sentir o actuar, sin que te hayas percatado antes. De ese modo, realizando este tipo de observación, te vuelves consciente de lo que está sucediendo ahora en tu mente ahora o en los últimos días.
De vez en cuando, volvemos a prestar atención a la respiración, especialmente si aparecen distracciones. Inhalamos, acto seguido exhalamos. Al tomar aire, piensa: "entra lo bueno". Y al expulsar el aire pausadamente, pronuncia en tu mente: "se va lo negativo" y soltamos cargas. Este ejercicio se repite varias veces, para asegurar su eficacia. Inhalar, exhalar...
Al mismo tiempo que relaja su cuerpo y va purificando la mente por medio de la eliminación de las impurezas mentales (aversión, orgullo, ignorancia, avaricia, deseo, envidia, apego, rencor...), el meditador, que podría llegar a alcanzar un estado de "samadhi" (concentración profunda), reflexiona sobre las consecuencias positivas que se desprenden de una conducta ética cimentada en las "paramitas" (virtudes) y transforma sus pensamientos inadecuados y emociones negativas en sabiduría y compasión hacia todos los seres.

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