LOS CONCEPTOS ERRÓNEOS, LA MENTE IGNORANTE
Comenzamos la meditación observando atentamente nuestro estado mental... No intentéis someterlo ni corregirlo. Cualquier cosa que encontréis ahora dentro de vuestra mente dejadla en libertad, a su aire.
Como ya es costumbre en nuestras meditaciones, la manera de respirar ha de ser normal, con un ritmo no forzado, la respiración fluye de forma natural.
Hablemos hoy sobre nuestro egoísmo. Comprobamos fácilmente que la tendencia al "egoísmo" está presente en todos los seres. El egoísmo no tiene por qué ser negativo o censurable necesariamente. Pero cuando le concedemos un valor y una dimensión exagerada aparecen problemas. En la medida en que veamos que los conflictos tienen que ver con un "yo", entenderemos mejor las características de esos conflictos. Como consecuencia de establecer una relación muy estrecha entre el egoímo" y el "yo" podremos comprender un poco mejor qué son ambos. Y, a la vez, aumentarán las posibilidades de encontrar soluciones correctas a los conflictos o problemas con otras personas que vayan apareciendo en nuestra camino.
Todos y cada uno de nosotros sentimos la sensación de un "yo", que nos acompaña continuamente. Esa sensación de "yo" nos impulsa a pensar, actuar, sentir, elegir, rechazar, buscar y a comportarnos de determinadas maneras. Siempre estamos intentando ganar, vencer, conseguir para ese "yo", es decir, para nosotros mismos. Lo externo habitualmente es bueno o malo según "mi" interpretación, la interpretación realizada por mi "yo". Este tipo de juicios y elecciones son constantes.
Llegados a este punto, el "egoísmo" se puede describir como un fuerte aferramiento y, sin duda, lo tenemos muy arraigado, seguramente, demasiado arraigado. Para el budismo, es necesario investigar qué es ese "yo" al que servimos a veces fanáticamente y consideramos el centro mismo de nuestras vidas. El análisis de este "yo" podría empezar con estas preguntas: ¿el "yo" es una sensación? "el "yo" es más bien una idea? Sea lo que sea la respuesta, ¿por qué necesito aferrarme tanto a ese "yo"? ¿De dónde viene el aferramiento al "yo"? ¿Es lo mismo el "yo" y la "mente"? Quizás lo que denominamos "yo", "ego" u otros términos similares sea un concepto no tan consistente como parece a primera vista. El "yo", base del "egoísmo", es cuestionable, como cualquier otra idea, sensación o concepto. Puede ser que lo hayamos entendido mal o directamente es un concepto falso.
Los conceptos erróneos no están causados por la neurología ni por la biología sino por maneras de razonar defectuosas que conducen inevitablemente a ideas falsas y equivocadas. Por ejemplo: que todo tiene una naturaleza permanente. Esta idea la repetimos y con el tiempo llegan a convertirse en un hábito asentado. Los hábitos, una vez consolidados, nos hacen creer que son poco menos que verdades absolutas y esta repetición sin análisis racional, esta obstinación en cosas que pensamos o hacemos constituye el origen de numerosos conflictos emocionales. En realidad, nada es permanente: surge y cesa, surge y cesa.
A modo de resumen, los filósofos budistas descubrieron que las cosas son un compuesto de elementos, esa es su naturaleza básica. No existe ningún tipo de característica fija, ninguna identidad definitivamente estable o atribuible a un sólo elemento. Nuestra forma de definir los objetos es superficial y en la mayoría de los casos funcional. Nosotros definimos los objetos mediante el lenguaje a base de repetición. En realidad, no hay características estables en esos objetos. Tomemos como ejemplo una sencilla taza. Esta taza ahora tiene unos rasgos. Con el tiempo esas características pueden cambiar o la taza de repente podría romperse y sus añicos se esparcirían por el suelo.
Lo mismo le sucede a nuestro cuerpo, la mente, las plantas, las montañas, etc. No hay nada fijo e inmóvil, las características que atribuimos a las cosas no son permanentes. También nuestra propia identidad va cambiando: niño, joven, persona madura.
Los objetos externos que nos sirven de alimento llegan a formar parte de nosotros y viceversa: uno se convierte en los otros, los otros se convierten en uno. Y así de forma incesante. Los objetos están libres de características fijas y definitivas, de lo contrario unos jamás pasarían a formar parte de otros ni podrían convertirse en otros. Tendemos a creer que todas las características temporales están ahí de forma perenne y absoluta. En realidad, se pueden intercambiar: una planta se puede convertir en cuerpo mediante el proceso de alimentación y el cuerpo en planta. La nube se puede transformar en hombre, y el hombre en nube. Por consiguiente, otredad y yoidad tienen la capacidad de complementarse, sostenerse mutuamente en incluso, llegado el caso, fusionarse. Tras observar estos procesos de cambio e interrelación concluimos que la separación aparente entre las cosas queda en entredicho. No hay dualismo, al menos, no ese dualismo extremo que consideramos verdadero e indiscutible. Si uno se puede convertir en otro es porque debe de haber interconexión en niveles fundamentales entre lo que denominamos cosas u objetos, así como vasos comunicantes, canales y espacios comunes. En resumen, desde la perspectiva filosófica budista, todo se comparte.
De un modo que revela ignorancia, nos aferramos a un "yo", como núcleo único y principal de la vida. Esto constituye nuestro error primordial. Nuestro egoísmo se aferra a ese "yo" con uñas y dientes y establece con rapidez la distinción entre yo y los demás, entre "yo" y las cosas que supuestamente hay fuera. Surge, de manera simultánea, una actitud defensiva. Hay que proteger al "yo" entronizado y categorizado como núcleo central de "mi" vida y "mi" personalidad. Y casi podríamos añadir sin temor a exagerar, en estos tiempos donde prima el individualismo en diversas sociedades del mundo, empezando por la occidental, han convertido al "yo" en el sentido último de mi vida.
Ocasionados por semejante error, no es extraño que aparezcan con frecuencia sentimientos de arrogancia, agresividad frustración o enfado. Este tipo de sentimientos tienen como función principal defender al "yo" de las amenazas exteriores. Surge el enfado y entonces dejamos de respetar a los demás. Aparecen también la codicia sin freno, la búsqueda compulsiva de honores y status social, la corrosiva envidia, los celos y la sed de venganza debido a la misma causa: mi "yo" debe ser protegido, a toda costa. Y, además, convenientemente ensalzado, dotándole de más poder mediante la adquisición de más y más prestigio y bienes materiales, que para el "yo" es otra forma de protección.
Cualquier persona, cosa, comentario o situación que provoque miedo, inseguridad, menosprecio y sensación de amenaza o ataque en el "yo" provoca antes o después la reacción de enfado, envidia, decepción, sed de venganza... Todo lo cual va acompañado, para empeorar aún más las cosas, de pesar y sufrimiento.
Creemos con firmeza que hay un "yo" separado e independiente. Tenemos la sensación de que una entidad designada con la palabra "yo" está al mando. Tales conceptos se alejan de la naturaleza de la existencia y de su funcionamiento. En realidad, todos los seres somos interdependientes, dentro del contexto de un universo dinámico y complejo. En concreto, los seres humanos nos necesitamos recíprocamente tanto a nivel mental como físico. Debemos cooperar y apoyarnos los unos a los otros, contribuyendo de este modo a una convivencia armoniosa.
La compasión juega un papel decisivo en este inmenso tapiz formado por miles, quizá infinitas, relaciones de interdependencia y mutua colaboración. El espíritu compasivo se corresponde muy bien con la naturaleza de la existencia que hemos descrito anteriormente. Por añadidura, la compasión es un sentimiento que purifica las manchas y oscuridades de nuestra mente. El amor compasivo hacia los seres que nos rodean aporta paz, dicha y armonía al mundo.
Todos los sufrimientos los crea nuestra mente ignorante. La fuerza del hábito, la ignorancia y la repetición provocan los conflictos emocionales. En gran medida, somos esclavos de nuestro propio egoísmo. Y, de este modo, nos cerramos y no abrimos nuestro corazón a los demás seres. A pesar de que queremos tener paz y felicidad, repetimos nuestros hábitos y nos damos cuenta de que estamos atrapados en conceptos erróneos.
Por causa de no conocer la fuerza de los hábitos estamos atrapados en la ignorancia. Debemos liberarnos de esta trampa y de esta ignorancia. Podemos ira más allá de este estado ignorante de la mente. Todos los seres tienen la capacidad natural de liberarse de esta ignorancia. Todos los seres del Universos nos necesitamos mutuamente. Hemos de cooperar y ayudarnos.
Ser bondadosos y sinceros con los demás. Los demás esperan eso de nosotros. Esperamos el perdón cuando cometemos errores, así como los demás esperan que les perdonemos cuando se equivocan.
¿Cómo surgen los conflictos y el sufrimiento?. Todos los seres se concentran en su propio yo. Siempre estamos preocupados por nosotros mismos. Y así nos aferramos a nosotros mismo. Este aferramiento es una falsedad de la mente. A partir de ahí empiezan nuestros conflictos mentales en esta vida: nos volvemos intolerantes, surgen la envidia, los celos, el odio, el enfado, todo ésto, que impide nuestro desarrollo, es debido a nuestro aferramiento.
Y así nuestra mente ignorante genera la negatividad y los conflictos. Nuestro egoísmo es sólo una falsedad mental. La envidia y la ira, también. Lo mismo se pude decir de los celos o la avaricia. No nos damos cuenta de cómo estamos atrapados y esclavizados por estos engaños, por estas falsedades que todos los seres pueden liberarse de la esclavitud del egoísmo.
La libertad y la felicidad son preciosos para mí y para todos.
Que todos los seres se liberen del sufrimiento y de las causas del sufrimiento.
Todos los sufrimientos los crea nuestra mente ignorante. La fuerza del hábito, la ignorancia y la repetición provocan los conflictos emocionales. En gran medida, somos esclavos de nuestro propio egoísmo. Y, de este modo, nos cerramos y no abrimos nuestro corazón a los demás seres. A pesar de que queremos tener paz y felicidad, repetimos nuestros hábitos y nos damos cuenta de que estamos atrapados en conceptos erróneos.
Por causa de no conocer la fuerza de los hábitos estamos atrapados en la ignorancia. Debemos liberarnos de esta trampa y de esta ignorancia. Podemos ira más allá de este estado ignorante de la mente. Todos los seres tienen la capacidad natural de liberarse de esta ignorancia. Todos los seres del Universos nos necesitamos mutuamente. Hemos de cooperar y ayudarnos.
Ser bondadosos y sinceros con los demás. Los demás esperan eso de nosotros. Esperamos el perdón cuando cometemos errores, así como los demás esperan que les perdonemos cuando se equivocan.
¿Cómo surgen los conflictos y el sufrimiento?. Todos los seres se concentran en su propio yo. Siempre estamos preocupados por nosotros mismos. Y así nos aferramos a nosotros mismo. Este aferramiento es una falsedad de la mente. A partir de ahí empiezan nuestros conflictos mentales en esta vida: nos volvemos intolerantes, surgen la envidia, los celos, el odio, el enfado, todo ésto, que impide nuestro desarrollo, es debido a nuestro aferramiento.
Y así nuestra mente ignorante genera la negatividad y los conflictos. Nuestro egoísmo es sólo una falsedad mental. La envidia y la ira, también. Lo mismo se pude decir de los celos o la avaricia. No nos damos cuenta de cómo estamos atrapados y esclavizados por estos engaños, por estas falsedades que todos los seres pueden liberarse de la esclavitud del egoísmo.
La libertad y la felicidad son preciosos para mí y para todos.
Que todos los seres se liberen del sufrimiento y de las causas del sufrimiento.


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